Entrevista: Juan Cozzuol

´Brasil atrajo inversiones automotrices, nosotros las espantamos´

El titular de Albano Cozzuol, Juan Cozzuol; una de las autopartistas más grandes del país, cree que la ley de fortalecimiento para el sector es positiva, pero insuficiente; estrategias diferenciales en la región. Entrevista realizada por Florencia Carbone, de La Nación; publicada el 14 de agosto.

Como la del país, la historia de la industria automotriz argentina se cuenta en capítulos pendulares: "De la apertura total al cierre absoluto; de la falta al exceso de estímulos". El que habla es Juan Cozzuol, presidente de Albano Cozzuol, uno de los más importantes proveedores de partes y componentes plásticos para la industria automotriz del país y uno de los principales del Mercosur. En sus plantas de La Plata y General Pacheco, la empresa fabrica autopartes, componentes y conjuntos plásticos de interior (revestimientos, paneles de puerta, consolas) y de exterior (guardabarros, spoiler, manijas de puerta), y partes de precisión para cajas de cambio.
Cozzuol es la primera firma nacional en haber recibido el Volkswagen Group Award2016, un premio con el que la automotriz alemana distingue a sus mejores proveedores en el mundo. 
Gianni -como lo llaman casi todos- destaca que si hay una condición clave para el sector es la previsibilidad y las políticas de largo plazo, bien escaso en estas tierras. 
"Y no hablo de un gobierno en particular, analizo la historia argentina de los últimos 50 años", aclara.
¿Qué opina de la nueva ley del régimen de desarrollo y fortalecimiento del autopartismo?
El Gobierno entendió la crítica situación que atraviesa el sector y promovió la rápida sanción de la ley aceptando el sacrificio fiscal que implica. Es una medida de shock con efectos en el corto y mediano plazo, destinada fundamentalmente a mejorar la competitividad mediante un beneficio fiscal a las terminales que radiquen nuevos proyectos en el país y adquieran un mínimo exigido de autopartes producidas acá. Si bien es un hecho muy importante y auspicioso para el sector, no es suficiente ni garantiza por sí sola un desarrollo sustentable de la actividad.
¿Qué haría falta?
-Es imprescindible la implementación de una política específica para la cadena de valor con proyección estratégica de largo plazo, así como de la normativa que permita y regule el desarrollo de los sectores complementarios (formación de recursos humanos, financiamiento, investigación y desarrollo, materias primas, etcétera). En ese sentido resultan muy alentadores los trascendidos acerca del Plan Productivo Nacional en el que se plantea la reconversión de fondo de determinados sectores, con el objetivo de mejorar significativamente su competitividad y por ende, tornarlos sustentables en el largo plazo.
¿Qué le diría al Presidente si él le preguntara cuáles son las principales medidas para poner en marcha la industria?
La primera decisión que hay que tomar es si el país quiere tener industria automotriz nacional. Partiendo de la base de que le interese, no es tan sencillo porque más allá de que se apliquen medidas específicas, si la macro no funciona, las invalida. Se pueden fijar ciertas condiciones a lo largo del tiempo que tienen que ver con un proceso de inversión en distintos rubros: hay que trabajar mucho en la educación. Hace 50 años teníamos la mejor calidad de mano de obra de América latina; hoy no sé si es así. Seguimos teniendo una base buena, pero perdimos mucho terreno. Nuestro sistema educativo fue presentando falencias y hoy el conocimiento es vital. Hay que tener un plan de inversiones para que las automotrices lleguen al país y expandan su actividad. Hay que tener un sistema fiscal y de comercio exterior. Es muy complejo y además, todo eso se inserta en un contexto global. No es sólo lo que hacemos nosotros, sino lo que hacen los demás. Y no tenemos una buena trayectoria.
¿Por qué?
Mientras en la última década nos focalizamos en medidas de corto plazo, con algún nivel de integración bueno con Brasil, ellos trabajaron en medidas más sofisticadas. Lo poco que generamos fue con una visión coyuntural; ellos apuntaron a cuestiones de fondo que atrajeron inversiones. El Plan Inovar-Autofuncionó como una aspiradora de inversiones. Es cierto que hoy Brasil está en crisis y a las automotrices hasta podría convenirles más producir acá, pero el tema es que las inversiones las tienen allá. Y eso es gracias a medidas de fondo, que es hacia donde debería ir la Argentina, pero el diseño de un plan a largo plazo inevitablemente trasciende un gobierno, dos o tres.
¿Ese diseño es responsabilidad exclusiva del sector público? ¿Cuál es el papel de los privados?
Es imposible que un funcionario conozca todos los ámbitos de la industria. Si querés alcanzar un determinado objetivo hay que diseñar una política económica que vaya en ese sentido. No puedo pretender que se radique una industria cuando después lo único que le genero son trabas fiscales, aduaneras, de costos y problemas logísticos. Quizás en eso estuvo la gran diferencia en los últimos años con Brasil. Nuestra política de incentivo fue por medio de subsidios, y ese costo a veces no se puede sostener. Brasil optó otras formas de captación de las inversiones. Como es un mercado importante y atractivo para operar, le dice a las empresas: si quieren venir tendrán que pagar un impuesto, excepto que hagan parte de esa producción en modo local. No digo si lo que hacen está bien o mal, sí que el resultado fue muy distinto al nuestro: ellos trajeron inversiones y nosotros las espantamos. Acá no se tomaron las mejores decisiones mientras que ellos lograron desarrollar una industria automotriz que a nivel regional es, sin duda, la más importante.
¿Hay un momento o una decisión a partir de la cual se pueda decir que empezó el declive del sector en el país?
No puedo dar una fecha exacta de cuándo se produjeron esas decisiones, sí repasar datos históricos. En 1973, la Argentina produjo alrededor de 350.000 automóviles con casi 100% de componente local. El mismo año, Brasil produjo una cantidad similar, también con un altísimo grado de integración local. Hoy Brasil es un mercado que si no hubiera tenido la crisis política de los últimos dos años produciría alrededor de cuatro millones de automóviles por año. Sin la crisis, la Argentina hubiera podido producir alrededor de un millón. Cuando analizás el proceso histórico se ve que partimos del mismo escalón, pero hoy Brasil está en condiciones de producir cuatro veces más que nosotros.
¿Por qué es importante para un país tener industria automotriz, por la cantidad de puestos de trabajo que genera?
La industria automotriz es generadora de empleo en la medida en la que la integre, en el lugar que opera, la fabricación de las partes del vehículo. Entonces se produce un efecto multiplicador demandante de tecnología, mano de obra calificada, conocimiento, investigación y desarrollo. Pero al mismo tiempo es una industria altamente competitiva en la que el perfil del consumidor se modifica a alta velocidad. Hasta hace unos años lo que se buscaba de un vehículo era que fuera muy potente, no importaba mucho el consumo de combustible. Después empezó a pesar eso y se buscaron formas de propulsión más racionales. Luego se cambió el sistema de propulsión con energías renovables. Hoy el usuario está focalizado netamente en la conectividad, quiere que el vehículo esté online de modo permanente. Y los temas no son excluyentes, se combinan.
Más allá de la crisis en Brasil tenemos una excelente oportunidad para implementar un plan de desarrollo integral para toda la cadena de valor automotriz. Respecto del sector autopartista hace falta instrumentar acciones en distintas etapas y niveles: medidas de shock y corto plazo específicas para el sector, destinadas a preservar la estructura existente, medidas de mediano y largo plazo, y estructurales para crear el ámbito que promueva el desarrollo integral de la cadena de valor.

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